31 mar. 2011

Vivir y equivocarse- Jorge Bucay

El desarrollo personal, al que considero el resultado más importante de nuestra vida, representa a la vez meta y desafío, y es condición para la propia realización, así como también para poder descubrir nuestra capacidad de ayudar a otros.
Pero a este crecimiento interno, tal como lo concebio, solo se puede acceder a través de la experiencia cotidiana de vivir y de equivocarse. Aprender es la cosecha de recrear lo vivido, mucho más que un mer ejercicio intelectual. Y de hecho desde lo pedagógico, sólo se puede aprender desde el error. Si usted hace algo bien desde la primera vez, puede ser que halague su vanidad, pero no aprendió nada. En todo caso ya lo sabía. Si está en juego su vanidosa lucha exitista, sus alegrías provendrán solo el logro de lo perfecto. Si en cambio lo más importante está en el aprendizaje y con él en el crecimiento, entonces equivorcarse será una parte clave y deseable del proceso.
Aunque nos equivoquemos, alguna cosa habremos aprendido. Tal vez que ésta no era la manera: tal vez, que éste no era el momento; tal vez, que esa no era la persona o quizá ¿Quién sabe ?... Que hacer eso no esra tan sencillo.
El temor a equivocarnos se debe a nuestra educación. Desde la niñez nos dicen que debemos tratar de no cometer errores. Y ésta es una de las enseñanzas más importantes en todas las sociedades del mundo, la más condicionante, el más dañino de los mandatos. Si yo (equivocadamente) quisiera entrenar mil niños para aceptar en cada una de sus decisiones y acciones, si quisiera (y no quiero) una sociedad llena de adultos prodigio que rara vez se equivocaran o si pretendieran crear un mundo de personas exitosas que dieran siempre en el centro e sus objetivos, lo que debería hacer para conseguirlo es estimular a los niños a cometer tantos errores como les fuera posible. En todo caso (en este plan fantaseado) debería establecerse una rígida condición. Dado que solo las equivocaciones originales empujan a aprender debería premiarse con mejores notas a aquellas alumnos que consigan cada día cometer nuevos errores. En un delirante esquema educativo como éste, donde se estimule el error y no el acierto, los niños experimentarían mucho, aprenderían más y con toda seguridad madurarían más rapido (aunque jamás consiguiríamos padres que anoten a sus hijos en esta escuela...)
Nuestra cultura está distanciada de este camino. Estamos sobrecargados con la exigencia de acertar y por eso condicionados para creer que necesitamos de por vida a alguien, más poderoso o más autorizado, que nos diga qué es lo adecuado y qué lo inadecuado de nuestras creencias; queremos padres que nos enseñen con claridad que está bien para protegernos de todo mal, queremos leyes duras que decidan qué debemos hacer y quiénes deberíamos ser y que castiguen con crueldad a los que estén de acuerdo, queremos gobernantes celadores que nos carguen de mandatos, razones y amenazas para que la sociedad no cometa más errores. Así, actuamos como si no quisieramos crecer; como si nos gustaría seguir siendo niños, deseando que algún otro se ocupe de todo; alguien que desde arriba, en el sentido político, geográfico o divino, obligue a todos a hacer "lo correcto" y nos proteja. De muchas formas estamos entrenados para evitar el error y sólo haciéndolo y esperando lo mismo de los demás nos sentimos seguros y sin miedo.
 Un hombre invita a una amiga a ver una película. En el cine le cuenta que el ya la vió y que le gustó tanto que decidió volver. En la mitad de la función, el le dice: "Te apuesto que cuando llega al departamento, no entra".
-Pero vos ya la viste la película.. - lo increpa la joven.
+Sí, que te apuesto que no entra al departamento...
La chica no contesta, pero en la película el protagonista entra en su departamento y es golpeado salvajemente por los que estaban esperando.
El hombre mira a la mujer y le explica:
"Es qe pensé que después de la paliza que le dieron ayer, no entraría hoy..."